Rufo: hay amores que matan, es el último caso de este segundo capitulo de malas Pulgas. Al perder a su anterior perro, Adoración y su marido, una adorable pareja de jubilados, decidieron ir a la perrera a por un nuevo compañero. En la perrera les aseguraron que Rufo no crecería mucho, pero con el tiempo se ha convertido en un perro grande y sobre todo muy fuerte. Rufo tiene ya dos años, pero su nivel de energía no baja. Salta encima de todo el mundo sin importarle derribarles, tira a César de tal manera en el paseo que muchas veces tiene que abrazarse a los árboles para no caer al suelo. Las visitas también entran atemorizadas a casa de Adoración y César, conocedores de los grandes recibimientos de Rufo. Cesar capta enseguida el mensaje de Borja y lo pone en práctica. El cambio en Rufo durante el paseo es espectacular desde el momento en que le cambian la correa por una de lazo. Hasta Adoración acaba paseando al perro por el jardín de su casa. Controlar la euforia de Rufo con las visitas es otra historia, pero usando el cuerpo y sin hacer aspavientos, hasta la nieta de César y Adoración consigue que el perro la respete al entrar en la casa.